BIBLIOTECAS PÚBLICAS MUNICIPALES el rincón del lector


Está en:


O-R

Concurso de Microrrelatos

Concurso de Microrrelatos

JUAN JOSÉ PALERMO (De noche)

Es de noche y no duermo. Creo que nunca he dormido.

De noche puedo oír, puedo ver, puedo sentir. Me tapo con fuerza los oídos pero aun así no dejo de escuchar los gritos de los que me necesitan. A través de mis párpados cerrados veo caras desencajadas. Rostros de niños, de ancianos que me buscan y no me encuentran. Siento cómo tiembla de frío y miedo una masa de cuerpos que empieza a perder identidad. Y siento cómo cae sobre mí un peso que ya no puedo sostener.

Y recuerdo. Recuerdo aquel breve instante de paz que una vez me proporcionaste.

Luthor, tú y yo hemos realizado un largo viaje juntos y creo que ha llegado el momento de pedirte un favor. A ti, mi único amigo.

Necesito el silencio. Necesito que me vuelvas a dar la kriptonita.


ARÁNZAZU PASERO GARCÍA (En la azotea)

Cuando estoy aquí arriba me olvido de todo. Después de tender la ropa, me quedo un rato más, mirando la ciudad, escuchando sus sonidos. Durante estos minutos no existe el Alzheimer de mi madre, ni la parálisis de mi padre. No siento el cansancio que se apoderó de mi cuerpo hace ya tantos años. En estos instantes no tengo melancolía por la familia que pude tener y dejé pasar. No soy la buena hija que ha dejado todo, sin esperar recompensa o agradecimiento, para cuidar de sus ancianos padres. Aquí arriba, soy joven, guapa, lista y delgada. En la azotea, soy Lois Lane esperando a Superman.


BEGOÑA PEÑA ROLDÁN (Crisis)

Entre la caída del PIB, el desastre inmobiliario, la reforma laboral, la ralentización del consumo y las colas del paro estaba empezando a volverse loca. Y encima la oposición no le dejaba respirar ni un solo instante.

Con una crisis de ansiedad, le devolvió al presidente la cartera de Economía, que éste le había ofrecido dos meses antes. "Yo puedo arreglar el mundo desde el papel, pero la realidad es otra cosa", pensó Mafalda, mientras inspiraba a Quino sus próximas recetas para la humanidad.


ÁNGEL JOSÉ PÉREZ IZQUIERDO (Naufragio)

La barca, suavemente mecida por el oleaje, encalló en la arena. En ella se encontraba el príncipe Omar, moribundo, junto a los cuerpos de dos de sus acompañantes, sin tanta suerte como él. De momento.

El capitán Trueno, desde lo alto de la colina, hacía ya tiempo que observaba el recorrido de la barca y, junto a sus hombres y Sigrid, emprendió una rápida bajada por el sendero que llevaba a la pequeña cala. Rápidamente desembarcaron los tres cuerpos, y cuando la doctora de Protección Civil Sigrid Rodríguez tomó el pulso a Ahmed Omar, natural de Ezhara (donde le conocían como el "príncipe" por su porte), exclamó: "¡Está vivo!". "Gracias a Dios", pensó Andrés García Trueno. Ya había contado suficientes muertos en las costas del Estrecho en sus últimos años de servicio en la Guardia Civil.


ÁNGEL JOSÉ PÉREZ IZQUIERDO (Analítica)

"Veamos los resultados del análisis de sangre", dijo el doctor. "Leucocitos y Hematíes, bien; Hematocrito, Plaquetas, Linfocitos..., todo bien...; Colesterol, LDL-Colesterol... ¡uhm!, esto no está tan bien...". Se quedó pensativo mirando el informe y continuó: "O sigue la dieta a rajatabla o va a tener un grave problema con las grasas".

Cabizbajo, sin dejar de reconocer su escasa fuerza de voluntad para controlar sus alimentos, el paciente intentó defenderse: "He bajado de seis a cuatro jabalíes diarios. Y me encuentro mejor...".

"Dos como mucho al día. Ni uno más, señor Obélix, ni uno más", respondió el doctor.


ÓSCAR PÉREZ LÓPEZ (Primera edición)

No se quitó la máscara. Se acercó a ella con los ojos encendidos. Bárbara le aguantó la mirada deseándolo con ansia. Acercaron los labios sin besarse. Oskar acarició suavemente el cuero que ceñía los pechos de Bárbara, mientras la mano enguantada de Bárbara recorría el falo ya durísimo de Oskar. Oskar se estremeció y con un empujón decidido la inclinó sobre la cama. Acarició sus caderas; desvistió sus muslos; besó a mordiscos su precioso culo. La mano izquierda de Oskar comenzó a juguetear dentro del sexo de ella, mientras la derecha preparaba el asalto final. Oskar bajó la cabeza y chupó frenético el clítoris de Bárbara. Las manos de Oskar apretaron con fuerza el cilindro de papel. A punto de estallar, Oskar se elevó, la besó con violencia en los labios, abrió su coño empapado y, gimiendo alucinados, la desvirgó salvajemente con un ejemplar único del número uno de "Spiderman".


VIRGINIA PÉREZ PUENTE (Confesiones)

- Chica, qué envidia...
- Sí -suspiró Rosa-. Nunca pensé que acabaría tan colgada de mi Rondador Nocturno. Pero es que es tan... tan... -Volvió a suspirar-. Me lleva a todas partes... Bueno, con él estoy viendo más mundo que nunca, y corremos unas aventuras... -Tomó aire y lo exhaló. Últimamente se sentía llena de suspiros.
Olga sonrió maliciosamente y se inclinó hacia delante, apoyando los codos sobre las rodillas. La miró fijamente y enarcó una ceja.
- Y dime -dijo en un susurro confidencial-. ¿No te resulta... eh... curioso, que... ya sabes cuándo -carraspeó-, él se quite las mallas, y tú los pantalones?
- No -respondió Rosa frunciendo el ceño-. Lo que me saca de quicio es que, en vez de gritar mi nombre en "ese" momento, se ponga a cantar: "Claveliiitos, claveliiiitos, clavelitos de mi corazóóóón..."
Olga le dio una palmadita comprensiva en el hombro.

ANDRÉS PORTILLO GONZÁLEZ (El Coyote)

Prepara los artilugios con los que intentará atrapar al Correcaminos, sin convicción alguna, sabiendo que volverá a fracasar. Agarra un rifle de la marca ACME, pega el ojo a la mirilla y espera. Cuando tiene cerca al Correcaminos, dispara el proyectil que se pierde entre el paisaje humeante del desierto. Nada nuevo, pero como es un animal tozudo lo vuelve a intentar. Suena un ¡MIC, MIC!, y un ¡BANG! No se lo puede creer pero... ¡Por fin ha matado a su enemigo! Loco de contento, lo empala y lo cocina sobre un puñado de brasas.

Saborea las vísceras del Correcaminos pero siente una enorme tristeza, un vacío que le duele más que el hambre acumulado durante tantos años. Mira la carne chamuscada de su adversario y se le escapan dos lágrimas espesas. Aúlla desconsolado.

El Coyote se acaba de dar cuenta de que su vida ya no tiene sentido.


Información relacionada

Preguntas del día

¿Cuál es la efeméride más importante del año?



Ayuntamiento de Madrid, 2009. Todos los derechos reservados