Concurso de Microrrelatos
VÍCTOR MANUEL ÁLVAREZ PATO (Conquistas efímeras)
Hoy me cuesta creer el éxito que llegué a tener con las mujeres. Lo confieso con cierta nostalgia. Sin ser ningún Tarzán, me llevaba todos sus elogios y caricias. Sonreían sólo con verme, e incluso resultaba desagradable la frecuencia con que peleaban entre ellas para conseguir mi atención. Muchas veces me ofrecieron regalos, me propusieron matrimonio, o simplemente -dejando de lado todo pudor- amenazaban con llevarme a su casa en contra de mi voluntad.
Ahora que nadie me hace caso, extraño aquellos cuidados que perdí al cumplir los seis años.
DAVID BRAÑA FERNÁNDEZ (Sombras)
Llevaba casi dos horas delante del portal. Hacía veinticinco minutos que ella había entrado. Ricardo estaba seguro de que no le había visto. Aunque después de cuatro largos años, probablemente no le reconocería.
Se acercó al portal y posó su dedo índice derecho sobre el botón del interfono que correspondía al piso de ella. Sólo tenía que ejercer una ligera presión y oiría su añorada y hermosa voz al otro lado de aquel pedazo de plástico de color gris.
Tenía miedo, no podía imaginar cómo reaccionaría ella al verle. Tanto tiempo escondido, alejado de lo que más amaba. De pronto pensó en el superhéroe al que admiraba de pequeño, Spiderman. No porque se sintiese como él, con grandes poderes, sino porque estaba atrapado, enmarañado en el pasado, como una telaraña gigantesca de la que no podía soltarse.
Su mano aún levantada empezó a temblar. Sólo era necesaria una ligera presión...
GONZALO DE CASTRO BORREGÁN (Aves de paso)
Tiene hambre, mucha hambre, tanta que le cuesta respirar y le duelen todos los huesos que se ha roto de un millar de maneras posibles. Pero lo peor son las risas, las carcajadas de unos dioses crueles e invisibles que se regodean en su desgracia cada vez que una roca le aplasta el cráneo o una explosión le arranca trozos de su remendado pellejo. Su primo Carpanta lo llama de vez en cuando, intenta animarlo y lo invita a una raspa de pescado pero eso sólo sirve para recordarle lo desesperadamente hambriento que está.
Quisiera morir, pero sabe que jamás se lo permitirán sus despiadados creadores, le queda la dignidad del que nunca se da por vencido, así que resignado, el viejo Coyote se enjuaga una solitaria lágrima y prepara otra fallida trampa a la espera del Correcaminos
EVA DÍAZ RIOBELLO (Regreso)
"Mamá dice que soy demasiado mayor para jugar contigo", susurró el niño al hombre vestido de azul.
Éste sacudió la cabeza y apartó la capa a un lado para que el pequeño se sentara junto a él. "Tu madre sólo intenta protegerte", respondió.
El niño hizo un mohín de disgusto. "También dice que debo buscarme amigos reales, que tú sólo estás en mi imaginación".
El hombre de azul se atusó el bigote, sonriendo. "Eso es porque le has contado lo de mi traje de Superman, hijo".
El pequeño se frotó los ojos, tratando de contener el llanto. "Es que no me gustaba el que llevabas en aquella caja, era negro y muy feo. Le pedí a Dios que te diese otro cuando volvieras".
El hombre trató de acariciar la cabeza de su hijo, pero sus dedos transparentes lo atravesaron sin rozarlo. "No te preocupes", contestó, "a mí me gusta éste".
ENRIQUE DIEGO BLANCO (Última balada)
El anciano solitario, recostado sobre la hamaca, la gorra calada hasta la nariz, descansa en la playa. La pequeña cala amalfitana resiste al otoño, al igual que el viejo, cuyas patillas negras se niegan a encanecer.
Se fija en un extremo de aquel marco inigualable. Hay una línea vertical. Vuelve la cabeza, también al otro lado, bajo sus pies y sobre su cabeza. Se acerca extrañado al límite de su izquierda, lo acaricia, golpea sus nudillos contra él e intenta atravesarlo. Resiste. ¿Siempre estuvo allí? Nunca se había percatado.
- ¡Corto!
Se vuelve.
- ¡Corto Maltese!
Nadie.
- Un momento.
Los trazos de una silueta aparecen a su lado.
- ¿Usted es?
- Hugo Pratt, tu creador.
- Es decir, ¿Dios?
- No, tu dibujante.
Corto mira al infinito.
- ¿Sabes? Quizás lo esperaba.
Esboza una media sonrisa.
- Dime, ¿merecieron la pena tantas horas de lápiz y tinta mientras yo recorría el mundo?
Hugo, meditabundo, calla.
MARÍA JOSÉ DOMÍNGUEZ GARCÍA (Aracnofobia)
Peter Parker nunca imaginó que la picadura de una arañita pudiera traerle tantos quebraderos de cabeza... Al principio le encantaba trepar por las paredes, salvar a los ciudadanos de Nueva York de las fuerzas del mal, salir en los periódicos... Sin embargo, la fama también tiene un precio: Mary Jane le ha puesto las maletas en la calle cansada de sus salidas nocturnas, apenas tiene vida social, vencer a los adversarios cada vez es más complicado y después de las fiestas navideñas el traje le queda demasiado ceñido... Así que ha decidido hablar con los de Marvel para que éstos le concedan unas vacaciones.
Spider-man abre la puerta del despacho del director y se oye un grito espeluznante... Minutos después, los empleados contemplan al héroe en el suelo y a la mujer de la limpieza con un insecticida en su mano derecha. María repite desconsolada:
- Es que tengo aracnofobia...