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A lo largo del siglo XVIII, las reformas urbanas de la zona obligaron a derribar la ermita de San Antonio en dos ocasiones y construirla de nuevo en otro lugar. Así, la iglesia primitiva, de Churriguera, fue sustituida por otra de Sabatini y ésta, a su vez, por una tercera que ya sería la definitiva.
La decoración al fresco que cubre la cúpula, bóvedas, ábside y pechinas, llena el espacio de vida, luz y color. El conjunto resulta sorprendente y muy original, por la interpretación personalísima que Goya hace del tema y las innovaciones técnicas que introduce.




